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Eso no somos nosotros los que tenemos que contestar a esa pregunta-.
Le dijo su padre, colocándole la mano sobre el hombro.- Hemos
llegado.
Marcos
miró a su alrededor, y no vio nada ni nadie, estaban en el
descampado que tantas veces había cruzado para ir y volver del
instituto, y donde se había ganado aquella paliza el día anterior,
recordar aquello le produjo un pinchazo de dolor.
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¿Que hemos llegado adonde?-. Preguntó empezándose a cuestionar la
veracidad de toda la historia que le habían contado sus padres y
hermano.
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No seas impaciente hijo-. A pesar de haberle ya confesado de que no
era su madre, Marcos comprendió que seguiría llamándolo así, y el
seguiría llamando a esos tres, ahora extraños, su familia, puesto
que eran con quien se había criado y quienes les habían educado,
protegido y dado de comer.
Marcos
sonrió pensando todo aquello y asintió, la confianza por ellos
volvió y esperó en silencio.
El
joven comenzó a pensar en todo lo que había cambiado su vida en tan
solo un par de horas, había pasado de ser un simple marginado al que
sus compañeros de clase acosaban, a ser, como su familia había
dicho, el hijo del fuego, que por ahora el no sabia que significaba,
pero por lo que el había entendido, era algo muy importante.
Marcos
iba a volver a hablar después de varios minutos en silencio pero
tubo que ahogar un grito cuando delante de ellos una mujer se
apareció de repente, su pelo era rubio, casi blanco, y una sonrisa,
que parecía llevar de serie se le dibujaba en los labios, era mucho
mas alta que Marcos, y este habría jurado que sus orejas eran
puntiagudas.
Mientras
intentaba reponerse del asombro su familia comenzó a hablar con la
extraña mujer en un idioma que no lograba reconocer. De vez en
cuando la recién llegada le dirigía miradas curiosas.
Cuando
acabaron se giraron para mirarle y fue la de orejas puntiagudas la
que habló.
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Hola Marcos-. Su voz era suave y delicada.- Mi nombre es Adalaerin, y
pertenezco a los guardianes-. Marcos asintió, y se preguntó por que
ese nombre tan raro.- Tu, eres una parte muy importante, te
necesitamos para derrocar a la oscuridad-. Continuó hablando, su
sonrisa seguía dibujada en su rostro.- Pero, seria muy egoísta por
nuestra parte, obligarte a participar en una guerra, que hasta ahora
se te hacia desconocida-. Hizo una pausa, aprovechó ese instante
para mirar a la familia de Marcos.- Por eso, quiero que sepas, que la
decisión, es solo tuya.
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¿Que riesgos correría, si decido unirme?-. Preguntó tras unos
instantes pensativo, aunque se podía hacer una idea tratándose de
una guerra, como aquella mujer había llamado a aquello.
Se
miraron unos a otros y fue su padre quien habló.
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Los riesgos son muy altos-. Comenzó a decir.- Nuestros antepasados
llevan parando a la oscuridad durante siglos, esperando en que los
cuatro hijos de los elementos se unan para derrocarla para siempre.
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Podríamos seguir frenándolos, pero tarde o temprano no podremos
mas-. Fue su hermano quien habló.
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¿Pero como es posible que no halla salido nada de eso en las
noticias?-. Era una pregunta que le estaba dando vueltas en la cabeza
desde hacia rato.
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Si que salen-. Contesto la mujer rubia.- Huracanes, terremotos,
tornados-.
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Cuando hay una batalla-. Esta vez le tocaba hablar a su madre.-
Nosotros nos hacemos invisibles para el resto de los mortales.
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Pero las consecuencias de esa batalla no-. Su padre se puso mas serio
de lo que estaba.- Terremotos, Huracanes... Todo eso son los
resultados de esta guerra.
Marcos
no podía creer lo que estaba oyendo. Cada vez que había visto la
noticia de un huracán o un tornado, en realidad era una batalla.
Estuvieron
en silencio un rato que al joven se le hizo eterno, intentaba
reordenar todos sus pensamientos, el era el hijo del fuego, sus
padres y hermano, no eran su familia, si no una especie de
protectores, que ahora le pedían su ayuda para derrotar a la
oscuridad.
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Ese hombre que me atacó-. Rompió el silencio mirando a los
presentes.- ¿De quien se trataba?-.
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Nadie sabe su nombre, ni que aspecto tiene-. Contestó su hermano.-
Solo sabemos que es el líder de la oscuridad.
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Marcos, al principio de esta conversación te he hecho una pregunta-.
Dijo la mujer rubia.- ¿Te unirás a nosotros?
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