A
lo lejos, Marcos vio al hijo del fuego, solo observaba sin
intervenir.
Cada
vez estaban mas cerca, el joven seguía observando a Ruth, ya estaba
blanca como la cal, y el no podía hacer nada, solo esperar a que
llegara con vida a la ciudad de los elementos, y nada mas, notaba
como la herida del brazo empezaba a sangrar, pero no le importaba,
aguantaba el dolor apretando los dientes.
-
Aguanta Ruth-. Susurró a la joven que llevaba en brazos.
Los
metros se transformaban en kilómetros, no sabía los que había
andado ya, pero le estaba pareciendo una eternidad, el paso cada vez
iba aminorando cada vez mas, o tal vez fuesen imaginaciones suyas
debido a la angustia que sentía al ver a su amiga en esas
condiciones, y no estar seguro si seguía respirando.
-
¡Estamos llegando!-. Le indicó Niva, luchaba con toda su rabia, al
igual que todas las personas que formaban el círculo, a pesar de que
cada vez eran menos los que lo formaban. Habían salido de la ciudad
de la luz siendo un grupo de veinte guardianes, junto a Adam, Niva y
los cuatro hijos de los elementos, ahora no eran mas de diez.
-
¡Niva, creo que no respira!-. Gritó por encima del ruido de choque
de los metales. No obtuvo ninguna respuesta al respecto, cada vez se
encontraba mas nervioso, si conseguían deshacer el círculo, no
dejaría que hiciesen mas daño a Ruth, del que ya le había hecho la
oscuridad, estaba furioso, no solo con Verorg si no con todos los
miembros que formaban la oscuridad.
Por
fin llegaron al lugar indicado, el hombre que les había llevado a
las afueras de la Sidney se había metido en el círculo con los dos
jóvenes, mientras alrededor luchaban por mantener aquel círculo
firme mientras el guardián se concentraba para devolverlos a la
ciudad de los elementos, Marcos intercalaba miradas entre las
personas que luchaban y el rostro de Ruth, le costaba creer que
seguía con vida, y eso le destrozaba por dentro, las primeras
lágrimas corrieron por su rostro, no soportaba ver a su amiga en
esas circunstancias.
Cuando
ya parecía que el círculo iba a ceder todo comenzó a temblar, por
fin dejaba aquel sitio, todo empezó a dar vueltas alrededor suya,
pero esta vez no le importaba todo aquello, solo quería llegar a la
ciudad de los elementos para que pudieran atender a Ruth, que se
encontraba inerte en brazos del joven.
Todo
dejó de girar y se volvían a encontrar en la plaza desde donde
habían partido hacía ya una eternidad para Marcos, solo unas pocas
personas transitaban en ese momento la plaza, que se le quedaron
mirando al verlos aparecer, se alarmaron al ver la situación a la
que habían vuelto.
-
Niva, cúrala por favor-. Dijo con un hilo de voz dejándola en el
suelo con suavidad, las lágrimas bañaban su rostro, y tenía el
brazo empapado en sangre debido a la herida del brazo, o tal vez por
la sangre de Ruth, no podía saberlo. El hada se agachó junto a
ellos para examinarla, mientras los demás le miraban a una distancia
prudencial, para no molestar. Le puso las manos en la zona de la
grave herida, y cerró los ojos concentrándose, poco a poco se fue
llenando de gente para ver el regreso de los hijos de los elementos,
la plaza se llenaba de susurros con forme pasaban los minutos, tras
un momento concentrada cesó.
-
No puedo-. Se rindió lamentándolo profundamente. Marcos la miró
desolado.
-
¿Está...?-. Comenzó a decir, pero no se atrevía a terminar la
frase.
-
No-. Contestó rápidamente para tranquilizar a Marcos.- Pero está
muy débil y yo no puedo hacer nada-.
-
¿Entonces...?-.
-
Conozco a unas personas que podrían hacer algo-. Sin decir nada mas
Marcos ya cargaba nuevamente con Ruth, hacía el bosque, que era
donde le llevaba Niva.
Llegaron
al claro donde practicaban con sus poderes, Meg y Toni les seguían,
mientras que los demás se habían quedado en la plaza. Niva se
detuvo, parecía que esperaba a algo, y así era. A los pocos
segundos aparecieron dos hadas, parecían tener mas edad que la
guardiana de los hijos de los elementos. Sin decir nada, cogieron a
Ruth de los brazos de Marcos y se alejaron, el joven intentó
seguirlas, pero Niva le detuvo, no podía adentrarse mas allá. Ahora
solo quedaba confiar en que se pusiera bien, con las manos en la
cabeza se tiró al suelo a esperar.
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