jueves, 5 de diciembre de 2013

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A lo lejos, Marcos vio al hijo del fuego, solo observaba sin intervenir.

Cada vez estaban mas cerca, el joven seguía observando a Ruth, ya estaba blanca como la cal, y el no podía hacer nada, solo esperar a que llegara con vida a la ciudad de los elementos, y nada mas, notaba como la herida del brazo empezaba a sangrar, pero no le importaba, aguantaba el dolor apretando los dientes.
- Aguanta Ruth-. Susurró a la joven que llevaba en brazos.
Los metros se transformaban en kilómetros, no sabía los que había andado ya, pero le estaba pareciendo una eternidad, el paso cada vez iba aminorando cada vez mas, o tal vez fuesen imaginaciones suyas debido a la angustia que sentía al ver a su amiga en esas condiciones, y no estar seguro si seguía respirando.

- ¡Estamos llegando!-. Le indicó Niva, luchaba con toda su rabia, al igual que todas las personas que formaban el círculo, a pesar de que cada vez eran menos los que lo formaban. Habían salido de la ciudad de la luz siendo un grupo de veinte guardianes, junto a Adam, Niva y los cuatro hijos de los elementos, ahora no eran mas de diez.

- ¡Niva, creo que no respira!-. Gritó por encima del ruido de choque de los metales. No obtuvo ninguna respuesta al respecto, cada vez se encontraba mas nervioso, si conseguían deshacer el círculo, no dejaría que hiciesen mas daño a Ruth, del que ya le había hecho la oscuridad, estaba furioso, no solo con Verorg si no con todos los miembros que formaban la oscuridad.

Por fin llegaron al lugar indicado, el hombre que les había llevado a las afueras de la Sidney se había metido en el círculo con los dos jóvenes, mientras alrededor luchaban por mantener aquel círculo firme mientras el guardián se concentraba para devolverlos a la ciudad de los elementos, Marcos intercalaba miradas entre las personas que luchaban y el rostro de Ruth, le costaba creer que seguía con vida, y eso le destrozaba por dentro, las primeras lágrimas corrieron por su rostro, no soportaba ver a su amiga en esas circunstancias.

Cuando ya parecía que el círculo iba a ceder todo comenzó a temblar, por fin dejaba aquel sitio, todo empezó a dar vueltas alrededor suya, pero esta vez no le importaba todo aquello, solo quería llegar a la ciudad de los elementos para que pudieran atender a Ruth, que se encontraba inerte en brazos del joven.

Todo dejó de girar y se volvían a encontrar en la plaza desde donde habían partido hacía ya una eternidad para Marcos, solo unas pocas personas transitaban en ese momento la plaza, que se le quedaron mirando al verlos aparecer, se alarmaron al ver la situación a la que habían vuelto.
- Niva, cúrala por favor-. Dijo con un hilo de voz dejándola en el suelo con suavidad, las lágrimas bañaban su rostro, y tenía el brazo empapado en sangre debido a la herida del brazo, o tal vez por la sangre de Ruth, no podía saberlo. El hada se agachó junto a ellos para examinarla, mientras los demás le miraban a una distancia prudencial, para no molestar. Le puso las manos en la zona de la grave herida, y cerró los ojos concentrándose, poco a poco se fue llenando de gente para ver el regreso de los hijos de los elementos, la plaza se llenaba de susurros con forme pasaban los minutos, tras un momento concentrada cesó.
- No puedo-. Se rindió lamentándolo profundamente. Marcos la miró desolado.
- ¿Está...?-. Comenzó a decir, pero no se atrevía a terminar la frase.
- No-. Contestó rápidamente para tranquilizar a Marcos.- Pero está muy débil y yo no puedo hacer nada-.
- ¿Entonces...?-.
- Conozco a unas personas que podrían hacer algo-. Sin decir nada mas Marcos ya cargaba nuevamente con Ruth, hacía el bosque, que era donde le llevaba Niva.


Llegaron al claro donde practicaban con sus poderes, Meg y Toni les seguían, mientras que los demás se habían quedado en la plaza. Niva se detuvo, parecía que esperaba a algo, y así era. A los pocos segundos aparecieron dos hadas, parecían tener mas edad que la guardiana de los hijos de los elementos. Sin decir nada, cogieron a Ruth de los brazos de Marcos y se alejaron, el joven intentó seguirlas, pero Niva le detuvo, no podía adentrarse mas allá. Ahora solo quedaba confiar en que se pusiera bien, con las manos en la cabeza se tiró al suelo a esperar.

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