-
Procura que lo sepa en cuanto despierte, le harás muy feliz-. Dijo,
y acto seguido le dio un cariñoso beso en la mejilla.- Buenas noches
Marcos-. Dicho esto se dio la vuelta y volvió a internarse en el
bosque.
Marcos
se quedó allí plantado repasando las últimas palabras de su
amiga¿Le harás muy feliz? Que quería decir con eso. Con ese
pensamiento se dio media vuelta y se encaminó hacía la guarida, que
estaba en silencio, los demás ya estarían durmiendo, se tiró en la
cama y al instante se durmió.
-
Despierta Marcos-. Escuchó desde el pasillo.- Por si lo habías
olvidado, tenemos una misión-. Era la voz de Toni, se levantó
sobresaltado, se había quedado dormido. Se vistió lo mas deprisa
que pudo y bajó a desayunar, allí le esperaban sus compañeros,
Niva también estaba.
-
Buenos días bella durmiente-. Saludó Meg, el joven saludó con un
leve movimiento de cabeza.
-
¿Cuando salimos?-. Preguntó Marcos preparándose un vaso de leche.
-
Cuando acabéis-. Contestó y así lo hicieron, una vez terminaron de
desayunar cogieron sus armas y salieron de la guarida encaminándose
hacía la plaza del pueblo donde estaba situado la zona de
teletransportación.
-
Como ya dijo ayer Adler, es una misión sencilla, sin peligro
alguno-. Dijo Niva entrando ya al pueblo.- Cogemos el libro y
volvemos-. Los demás asintieron en silencio.
Minutos
después ya estaban en el Tíbet, esta vez el viaje había resultado
mas relajado, o tal vez ya estaban acostumbrados.
Estaban
rodeados por montañas y en frente suya, se abría un templo inmenso,
al final de unas largas escalinatas.
-
Ahí esta el templo de los elementos-. Dijo Niva mirándolo, había
vuelto a transformarse en una niña de catorce años por precaución
de que le viera alguien indebido.
Comenzaron
a subir las largas escaleras sin perder de vista el templo que cada
vez se hacía mas grande conforme iban subiendo escalones.
Una
vez arriba pudieron ver un enorme portón de color rojo al final de
un sendero ancho con arbustos a los lados.
Se
acercaron mientras que la puerta se fue abriendo sola.
Entraron
a una sala amplia de color blanco sin mucho detalle en las paredes,
al otro lado de la sala pudieron ver el símbolo que llevaban
grabados en los trajes del ejército.
-
¿No se supone que nos estarían esperando?-. Preguntó Meg mirando a
su alrededor, no veían a nadie, la sala estaba completamente vacía,
nadie contestó a aquella pregunta
-
¿Hola?¿Hay alguien?-. Dijo Niva en voz alta sin respuesta alguna.
Anduvieron
por la sala sin tener respuestas de nadie, a Marcos eso no le
gustaba, habían dicho que les estarían esperando, pero ¿donde
estaban?-
-
Creo que no nos han presentado como es debido-. Escucharon desde
detrás de una escultura de un sol con los cuatro elementos a los
pies de este. La voz provenía de una persona que Marcos no había
visto en muchas ocasiones pero recordaba su cara, como si hubiera
crecido con el. El hijo del fuego salió de su escondite con un monje
con unos trapos blancos como vestimenta.- Mi nombre es Ignis, ya
sabréis a que se debe ese nombre-. Se puso a unos metros de ellos
que desenvainaban sus armas.
-
Suéltale-. Dijo Niva con las dagas en posición de ataque, Marcos
sabía de que era capaz pero con el aspecto de una niña de catorce
años le restaba agresividad.
-
Que agresividad se respira en el ambiente-. Parecía muy tranquilo, y
una leve sonrisa malvada se le dibujaba en el rostro, la espada que
sostenía la tenía amenazadoramente junto al cuello del monje que
parecía incluso mas tranquilo que Ignis.- Solo quiero hablar-.
-
No tenemos nada de que hablar contigo-. Soltó Marcos con su espada
preparada para atacar, al igual que los demás.
-
Os equivocáis-. Su sonrisa se le borró dejando pasar a una seriedad
que daba miedo.- Vosotros estáis buscando algo, que yo quiero-.
-
Y por lo que veo, aun no lo has encontrado-. Dijo Niva sonriendo, al
parecer había acertado.
-
Estos monjes no son muy habladores que digamos-. Dijo encogiéndose
de hombros.
-
No hablaran con alguien que tenga oscuridad en su interior-. Continuo
hablando con el hijo del fuego que seguía teniendo retenido al
monje.- Asique no tienes nada que hacer aquí-.
-
Yo no, pero vosotros si-.
-
Estas loco si piensas que te vamos a dar el libro-.
-
No pensaba que me lo dierais por las buenas-. Su sonrisa malvada
volvió a aparecer en su rostro.
-
Le tengo a tiro-. Susurró Toni a Marcos, este le hizo una señal
para que no actuara aun.
-
Pues has entrado demasiado pronto en escena entonces-. Una media
sonrisa se dibujó en el rostro de Niva.
Había
tensión en el ambiente, ninguno movía un dedo en la sala, el monje
que debería estar muerto de miedo, no mostraba ningún sentimiento,
simplemente estaba allí parado con la espada de Ignis en el cuello,
mirando lo que estaba ocurriendo. Se siguieron intercambiando
palabras y miradas unos minutos, hasta que Niva lo hizo, fue una
breve mirada casi imperceptible, pero lo suficiente como para que
Toni soltara la flecha hacía la cabeza de Ignis que con un ágil
movimiento soltó una bola de fuego de la mano que tenía libre
haciendo estallar en llamas el proyectil. Fue un segundo pero fue el
tiempo suficiente como para que el monje se escabullera lejos del
hijo del fuego. Ya tenían vía libre para atacar a su adversario. Y
así lo hicieron, los cinco atacaron a la vez, pero con una velocidad
inhumana esquivó las cuatro estocadas y la flecha dirigidas a el.
No hay comentarios:
Publicar un comentario