lunes, 9 de diciembre de 2013

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 Niva y Marcos solían pasar también tiempo juntos, sus lazos se estrecharon aun mas durante ese tiempo que estuvieron descansando de la primera y por ahora la última batalla, Adler les llamó para una nueva misión a lo que ellos se negaron rotundamente, un día, el viejo sabio les mandó llamar una tarde que todos practicaban con el hada, acudieron todos juntos a la fortaleza, donde les habían informado que el viejo sabio estaría.

- Ya sabéis por que os e hecho llamar-. Comenzó la conversación el viejo sabio, una vez estuvieron todos reunidos en el despacho del general, este también estaba presente.
- Nuestra misión al Tibet supongo-. Contestó Niva a lo que el viejo asintió.
- No es un cometido peligroso-. Dijo Adler.- Ya que el templo de la luz, como ellos lo llaman, nunca ha penetrado la oscuridad-.
- Creo recordar que nuestro anterior cometido-. Dijo Marcos en tono desafiante.- Tampoco era peligroso-. Sus miradas se cruzaron durante unos segundos.
- Adler tiene razón-. Rompió el silencio el viejo.- Es imposible que encontréis resistencia en esta misión-. Se miraron unos a otros, aun no se encontraban muy convencidos, la última vez que alguien les dijo eso, acabaron con un miembro de su grupo postrada en una cama en coma ¿por que iban a fiarse ahora?
- Estaremos alerta-. Comentó Meg.- Por lo que pudiera llegar a pasar-.
- Vuestro objetivo es sencillo-. Comenzó el sabio ignorando las palabras de la joven.- Ir al templo, ellos os estarán esperando para entregaros el libro de la profecía de los cuatro elementos, lo traéis y listo-.
- Que hay en ese libro-. Preguntó Marcos interesado, los demás escucharon atentamente la respuesta.
- El contenido de ese libro, puede hacernos cambiar las ideas que tenemos acerca de los cuatro elementos-. La habitación se quedó completamente en silencio, nadie sabía de que hablaba el sabio, pero nadie le contradijo ni le pidió explicaciones.
- Mañana partiréis desde la zona de teletransportación-. Informó el sabio, y con esto dio por concluida la conversación, y en silencio fueron saliendo uno a uno del despacho del general del ejército de los elementos.

Una vez fuera Marcos se despidió de sus amigos y se fue directo al bosque a ver a Ruth, el primer día que había ido solo, Niva le encontró dando vueltas sin saber donde ir, pero después de tanto repetir el camino ya se lo sabía de memoria. En todo el tiempo que llevaba yendo, aun no se había encontrado con ninguna criatura del bosque, se escondían antes de que llegara el, o eso pensaba, la única criatura con la que tenía algún contacto era el hada que cuidaba a la joven.

- Mañana iremos al Tibet-. Dijo Marcos una vez solo con Ruth en la cabaña, solía hablarle, tenía la sensación que le podía escuchar.- Es una pena que no puedas venir-. Se quedó en silencio mientras le quitaba un mechón de pelo de la cara, en tiempo que había estado allí postrada, no había mejorado, había ganado algo de color, y Marcos ese día se alegró pero el hada le dio la mala noticia que eso no quería decir nada, ya habían pasado dos semanas desde la trágica batalla, pero Marcos no perdía la esperanza de que despertaría algún día.
Estuvo hablándole el resto del día, ya que los días anteriores a alguna misión no entrenaban. Ya había anochecido cuando salió de la cabaña después de despedirse de la joven con un beso en la frente, no veía casi por donde andaba, pero eso a el no le importaba, ya conocía demasiado bien el terreno, y había aprendido a agudizar los otros cuatro sentidos, cuando la vista le fallaba.
- No podré escuchar las flechas acercarse a mi-. Dijo parándose en medio del bosque, se le dibujo media sonrisa.- Pero haces demasiado ruido al caminar, Niva-.
El hada se dejó ver, no podía ver su rostro pero sabía que estaba sonriendo como de costumbre.
- Veo que vas mejorando con tu agudeza -. Dijo acercándose a el, como era costumbre se acercó demasiado, pero eso era algo que ya no le molestaba, y a veces se extrañaba al recordar lo incómodo que se sentía cuando hacía eso.- ¿Vienes de ver a Ruth?-. Esa pregunta era algo obvia, así que Marcos no la respondió. Comenzó a andar entre los árboles con el hada a su lado.
- Hoy la he visto mejor-. Dijo engañándose así mismo, sabía que eso no era así, pero tal vez si decía lo contrario en voz alta se alegraría.
- Cuanto me alegro-. Escuchó Marcos de la boca de su amiga, estaba tratando de animarle, pero el sabía que la sonrisa se le había borrado de su sonrisa.
- Tu también piensas que no despertará-. Preguntó parándose enfrente suya.
- ¿Como puedes pensar eso Marcos?-. Preguntó alarmada.- No hay nadie que piense eso-.
- La de tu especie-. Contestó volviendo a andar.- No lo ha dicho, pero es un defecto que tenéis las hadas, os delatan vuestros ojos.
- Te voy a ser sincera Marcos-. Comenzó a decir.- Lleva dos semanas sin alimentarse, y traga difícilmente los líquidos, como no despierte pronto, me temo que morirá-. Su respuesta fue tajante, pero Marcos entendió que tenía que decirlo así.
- Va a despertar, lo se-. Dijo después de unos segundos en silencio.- Estoy seguro-. Niva le cogió de la mano y se la estrechó, a lo que el joven respondió estrechando también la suya.
- ¿Que sientes por ella?-. Preguntó Niva una vez salieron del bosque, se habían parado allí. A Marcos le cogió aquella pregunta por sorpresa, nunca se había parado a preguntarse algo así, pero tuvo clara su respuesta cuando abrió la boca para contestar.
- Estoy enamorado de ella-. Su voz sonó firme, ya podía ver mejor el rostro de su amiga que sonrió ampliamente, su sonrisa era de alegría sincera.
- Procura que lo sepa en cuanto despierte, le harás muy feliz-. Dijo, y acto seguido le dio un cariñoso beso en la mejilla.- Buenas noches Marcos-. Dicho esto se dio la vuelta y volvió a internarse en el bosque.
Marcos se quedó allí plantado repasando las últimas palabras de su amiga¿Le harás muy feliz? Que quería decir con eso. Con ese pensamiento se dio media vuelta y se encaminó hacía la guarida, que estaba en silencio, los demás ya estarían durmiendo, se tiró en la cama y al instante se durmió.


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