jueves, 14 de noviembre de 2013

Página 22

Entraron en le pueblo, la gente se le quedaba mirando, el joven empezó a pensar que no le miraban por ser el hijo del fuego, si no por los andares que estaba obligado a llevar. Pasaron calles que reconocía de la primera vez que paso por ellas, se empezó a preguntar, que era aquello por lo que Adler quería verlo a el solo
Continuaron caminando en silencio hasta salirse del pueblo, confirmo su teoría acerca de la elfa, prefería el silencio antes que una conversación, el joven lo había intentado con distintos temas pero Adalaerin solía contestar con frases cortas zanjando el tema, así que opto por seguirla en silencio pensando en sus cosas.

Ya podía ver a lo lejos la fortaleza de los guardianes, donde el ejército de los elementos se entrenaba y preparaba para las batallas, con ellos lucharía dentro de un tiempo, no sabía que preparación tenían pero tenía que confiar en ellos. Caminaron por un sendero de piedras que conducían directamente a la fortaleza, por los alrededores solo se veían árboles y hierva, le gustaba ese paisaje, siempre había preferido esos paisajes naturalísticos a los de las grandes ciudades.

Por fin llegaron a las puertas de la gran muralla de la fortaleza, le había costado llegar hasta allí debido al dolor, pero agradeció que se le calmaron notoriamente. Se quedaron allí plantados sin hacer nada, ya cuando iba a preguntar que era lo que hacían las puertas se abrieron lentamente con un chirrido.

Entraron a un amplio patio donde había gente entrenándose con espadas y arcos, pudo apreciar que eran hábiles con sus respectivas armas, instintivamente se echó la mano a la espalda para agarrar la empuñadura de su espada, aun seguía ahí, ¿habrían empezado sus compañeros el entrenamiento sin el? Que mas da, ya les cogería el ritmo cuando llegara, ahora la gran duda que le ocupaba todos sus pensamientos era para que querría verle Adler.

- Por aquí Ignis-. Escuchó a Adalaerin, se dio cuenta de que se había quedado parado viendo como entrenaba el ejército.
- ¿Por que me llamas Ignis?-. Dijo poniéndose a su altura,
- Es tu nombre-. Contestó sin mirarle, cruzaron el patio hasta llegar hasta una escalinata que daba a un enorme portón.
- Te equivocas-. Le contradijo, mirándole extrañado.- Mi nombre es Marcos, solo he escuchado una vez en mi vida el nombre de Ignis, y es como llamo el sabio a mi espada.
- Tu y tu arma sois uno-. Dijo, la elfa, algo que extrañó aun mas al joven. Comenzaron a subir las escaleras.
- ¿Pero por que Ignis?-. Preguntó curioso.
- Fuego-. Esa fue su contestación, cuando traspasaban el gran portón, para entrar en un gran vestíbulo, mucho mas grande que la guarida donde los hijos vivían, al contrario que el patio, estaba vacío.- Es una antigua lengua de los humanos-.
Debía de ser latín, la lengua de la que hablaba la elfa, tenía sentido aquello de lo que hablaba, y al parecer la gente del pueblo había optado por llamarles así.

Llegaron una puerta al final de unas escaleras, después de haber atravesado multitudes de pasillos y subido cientos de escaleras, al igual que el portón de la muralla, esta se abrió sola, dejando ver un despacho, con diversas estanterías en las paredes, y en el centro había un escritorio, y sentado detrás de el se encontraba Adler, revisando unos papeles, detrás de el, había un enorme ventanal donde podía ver todo el pueblo.
- Señor, aquí está Ignis, como usted quería-. Dijo la elfa inclinando la cabeza, con un movimiento de mano sin apartar la mirada de los papeles le ordenó que se retirara, y eso hizo, con una segunda inclinación de cabeza se dio la vuelta y se fue cerrando la puerta.

Cuando se hubo ido estuvieron en silencio mientras el líder seguía leyendo papeles .
- ¿Por que quería verme señor?-. Preguntó cansado de esperar, levantó la vista del escritorio y le miró a los ojos, había preocupación en su mirada, eso le puso mas nervioso.
- Sabes que los guardianes que se hicieron pasar por tu familia-. Comenzó a decir levantándose y rodeando el escritorio para ponerse enfrente suya.
- Mi familia-. Le corrigió cortándole. Con un movimiento de mano le dio la razón.
- Sabes que tu familia-. Volvió a comenzar con su discurso ya corregido.- Fueron a una misión de reconocimiento-. Marcos asintió mientras dentro de el crecía una chispa de preocupación, una parte de el sabía lo que le iba a contar.- Perdimos el contacto a las pocas horas de que se marcharan-. Se imaginaba algo así pero aun así el estómago le dio un vuelco. El joven se tuvo que sentar, sentía que se mareaba ¿desaparecidos?. Los dolores habían desaparecido de repente.
- ¿Están muertos?-. Preguntó sin atreverse a oír la respuesta, se llevó las manos a la cabeza, no podía ser
- Lo último que sabemos de ellos era que les habían tendido una emboscada-. Contestó poniéndole una mano sobre el hombro intentando consolarlo.- Al parecer ya sabían que iban a aparecer-.


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