Por
mas vueltas que diera en la cama no conseguía dormirse, afuera
seguía lloviendo fuertemente, pero aunque estaba oscuro Marcos sabía
que no serían mas de las dos de la tarde, entonces se puso a pensar
en que parte del mundo estaría situado la ciudad de los elementos,
un lugar donde por la mañana hace calor y al empezar la tarde cae un
diluvio.
No
supo las horas que había estado allí encerrado a oscuras, tirado en
la cama dando vueltas cuando tocaron la puerta, Marcos dirigió la
mirada cuando esta se abria, y una cabeza se asomó, debido a que
estaba todo muy oscuro, no podía adivinar de quien se trataba.
-
¿Estas dormido?-. Escuchó la voz de Ruth en forma de susurro.
-
No, tranquila-. Respondió incorporándose en la cama, sentándose
apoyando la espalda en la pared.- No soy capaz-. Ruth entró sin dar
la luz y se acercó a el, llevaba una bandeja en las manos
-
Hemos pensado que tendrías hambre-. Se quedó allí plantada
esperando respuesta alguna por parte del joven, que alargó la mano
para darle al interruptor encendiendo la luz, lo primero que vio
cuando la habitación se iluminó fue la cara preocupada de su amiga,
en sus ojos azules había tristeza. En sus manos, como ya había
podido ver entre la oscuridad, una bandeja con un tazón humeante de
sopa.
-
Gracias, pero no tengo hambre-. Dijo esbozando una sonrisa triste,
quería poder disimular y hacer creer a su amiga que no estaba
triste, pero no era capaz. Ruth encogió los hombros dejando la
bandeja en la mesita que tenía al lado de la cama y se sentó a su
lado mirándole.
-
No puedes quedarte aquí para siempre-. Dijo cruzando su mirada con
la del joven, que se encogió de hombros sin saber muy bien que
decir.- Así no vas a arreglar nada-.
-
¿Y haciendo como si no hubiera pasado nada si?-.
-
No, tampoco, pero no creo que a tu familia le hubiese gustado verte
así-. Tenía que reconocer que Ruth tenía razón, su familia
siempre habría querido lo mejor para el, y en la situación en la
que estaba no lo era.
-
Supongo que tienes razón-. Dijo agachando la cabeza.- Pero dime ¿De
donde saco las fuerzas para seguir?-.
-.
Para eso yo no tengo la respuesta-. Contestó sonriendo, esta sonrisa
no tenía ningún rasgo de tristeza, dicho esto se levantó de su
lado y le miró.- Estamos abajo para cuando encuentres la respuesta-.
Se dirigió a la puerta y echando una última mirada a su amigo, le
sonrió y se marchó dejando de nuevo solo, sus palabras le
reconfortaron, y estuvo pensando durante unas horas mas, finalmente
con una sonrisa se levantó de la cama y salió para reencontrarse
con sus compañeros, ya había encontrado su respuesta.
Las
semanas siguientes transcurrieron con normalidad, Niva continuaba
entrenando a los hijos de los elementos. Marcos volvió a sonreír
sinceramente. Todo volvió a ser como antes, el joven se aferró a la
idea de que su familia aun continuaba con vida, y eso le daba fuerzas
para continuar entrenando con muchas ganas.
La
relación entre ellos se estrechó, y ahora eran como una familia,
que hacían todo juntos, y se contaban todos, aun continuaban sin
saber cuando comenzarían a usar sus poderes y eso les ponía
nerviosos, por que el momento en que se enfrentarían por primera vez
a la oscuridad cada vez estaba mas cerca, y ellos aun ni siquiera
habían empezado a familiarizarse con lo que tenían escondido en su
interior.
Niva
tardó unas semanas en enseñarles con las armas, algo que los
jóvenes recibieron la noticia con alegría, al principio se
mostraron algo torpes, y los primeros días hubo muchas lesiones
debido a cortes, pero el hada se encargaba de curar con sus poderes,
pero pronto adquirieron las habilidades necesarias para al menos no
lesionarse.
-
¿Cuando comenzaremos a usar nuestros poderes?-. Preguntó Toni
mientras disparaba una flecha a una de las dianas, esta se clavo
lejos del centro, aun tenía que entrenar bastante antes de poder
siquiera acercarse.
-
Eso a ella no le concierne-. Contestó Meg sonriendo, mientras
atacaba al aire con su lanza, quitándole la palabra de la boca a
Niva, Toni preguntaba cada día acerca de los poderes y siempre
recibía la misma respuesta, con un movimiento de mano el Hada le dio
la razón a la joven. Marcos mientras tanto golpeaba con su espada a
un tronco clavado en el suelo ,siempre había entrenado en el mismo
sitio y el palo ya estaba despellejado por todos los lados, mientras
que Ruth practicaba unos movimientos de defensa con sus dagas.
-Ya
os avisaran cuando estéis preparados para empezar a usarlos-. Estaba
cansada de repetir siempre lo mismo, mientras se paseaba entre sus
alumnos, observando y corrigiendo lo que no le gustaba, ya se habían
acostumbrado a verla en su forma natural.
-
Pero estoy viendo que pasan los días y nadie dice nada-. Protestó,
desde el primer día Toni se había mostrado muy ambicioso respecto
al entrenamiento, siempre quería quedar por delante de todos.
-
Se acabó el entrenamiento, vendaros los ojos-. Dijo encogiéndose de
hombros sin contestarle. Los jóvenes hicieron caso y dejaron las
armas a un lado, y sacaron de sus bolsillos unas vendas. Como el
primer día, se lo llevaron a los ojos y se los taparon con los
pañuelos, después de formar un círculo con Niva en el medio.
Marcos,
al igual que los demás, había mejorado bastante la técnica, y ya
era capaz de oír mas allá que de los simples sonidos del bosque,
podía detectar los pasos del hada, podía llegar a escuchar las
respiraciones de cada uno de los presentes, podía llegar a captar el
leve sonido que hacía la cuerda del arco al destensarse proyectando
la flecha a una velocidad vertiginosa, pero aun no era capaz de
escuchar el silbido del proyectil acercarse peligrosamente a su
cabeza, al contrario que Ruth, que hacía unos días había logrado
moverse a tiempo para hacer un amago de esquivo de la flecha, el no
lo había podido ver debido a que sus ojos estaban vendados, pero por
el grito emocionado de Niva, había podido comprobar que lo había
logrado.
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